"La magia de la vida te ofrece momentos para saltar, caer y volver a empezar..."
Rosana H.
El domingo 15 de Noviembre Caxca, Panzer, Master y yo (Pipen), decidimos participar en el maratón MTB de Pico Azul en Morelia, Michoacán. Este viaje fue una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida ciclista, debido a varios aspectos: La amistad de los integrantes del grupo, el visitar a otro estado con sus excelentes paisajes y por nuestra pasión a este deporte. Pero, sin duda, la parte más enriquecedora fue la caída que tuve en esta competencia.
Ese día comenzó con risas, como es costumbre en el equipo Primates. Después un desayuno de carbohidratos y plátanos, para continuar con el traslado en camioneta al punto de salida: Pico Azul, una zona boscosa ubicada a 20 minutos de Morelia. En el camino, algunos ciclistas solitarios y los majestuosos árboles fueron testigos de nuestra conversación, en la cual decidimos la estrategia a seguir en la competencia, expresamos nuestras inquietudes y nos apoyamos mutuamente.
Cientos de ciclistas con sus colores sobre los jerseys iluminaron el bosque esa mañana. Entre la multitud, cuatro puntos de tonos rojos, blancos y negros nos preparábamos subiendo y bajando una colina. Con una temperatura corporal más alta, nos formamos en el punto de salida e impacientes aguardabamos el momento de poner a prueba todo lo aprendido durante un año de esfuerzo y dedicación.
11:20 am marcaba el reloj cuando comenzó la aventura. Las primeras secciones angostas hicieron de esta carrera una peregrinación a pié, pero en cuanto se abrió el camino comenzó la desbandada. Los siguientes interminables kilómetros de subida sirvieron para seccionar al pelotón en pequeños grupos que escalarían, sin importar el equipo, codo a codo. Las subidas eran tan inclinadas que exigían un esfuerzo adicional en cada pedalazo. Sólo escuchaba mi respiración, y al fondo de manera increible se formaba una canción con el viento a través de las hojas de los árboles y los pájaros que anunciaban nuestro paso. Finalmente llegó la recompensa: las bajadas. En ocasiones senderos estrechos y otras amplias brechas, ambas eran buenas oportunidades para tomar aire y descansar los músculos. Las personas del lugar nos apoyaban con porras y sonando botes con piedras, haciendo que nos cargáramos de energía.
Cuando faltaba un kilómetro para terminar la carrera y a 30 Km/h, sucedió "la magia de la vida": me caí de la bicicleta. Solamente recuerdo este momento en pequeños fragmentos, por lo que no he podido encontrar una causa a mi caída, solamente suposiciones: tijera contraida, piedra en el camino, freno delantero... En ese momento el apoyo de un lugareño y, sobre todo del Caxca, me permitieron seguir adelante y terminar la carrera. En la meta todo el equipo salió para recibirme y llevarme a la asistencia médica para ver que todo estuviera bien. Muchas gracias a todos.
A pesar de que de las raspaduras, los moretones y las fisuras se van con el tiempo, creo que las marcas de la caída se queda con nosotros para siempre. Algunas quedan en la mente: Un cambio en la forma de ver el ciclismo permite entender de mejor manera la seriedad de este deporte y se genera una comprensión más amplía de lo maravilloso y frágil que es el cuerpo humano. Pero, desde mi punto de vista, las mejores marcas quedan en el corazón: La increible belleza que se percibe en todo lo que te rodea cuando te levantas, el coraje y entusiasmo que te permiten seguir adelante y la sensación indescriptible que te da el apoyo de las personas que te quieren.
Ahora estaré en reposo por varias semanas, pero he decidido convertir este tiempo en una oportunidad para aprender, para reflexionar, para planear mi regreso... Finalmente ¿Qué valor tendría la vida si no caemos, nos levantamos y volvemos a empezar?
Pipen.













