¡Y llegó el día!
El tiempo transcurría: minutos, horas, días, y cada vez estaba más cerca
“el gran día”. Los nervios y la emoción crecían, pero nada era más grande que
“el reto” que tenía conmigo mismo porque era el momento de responderme mil
preguntas: ¿por qué sufrí tanto en el IZTA 4000 en 2013?, ¿no estaba
completamente preparado?, ¿no hice lo que realmente tenía que hacer y me
desgasté demasiado?... Preguntas que se convirtieron en un fantasma.
No supe cuál fue la
razón principal de esa mala tarde del 2013 pero lo que ahora sí sabía era que
en este 2014 no me pasaría lo mismo, aún cuando las 8 horas de carrera y los
fantasmas de ese 2013 regresaban a mi mente como si los acabara de vivir ayer,
la repetición constante de todo lo aprendido en este tiempo, gracias a mi
coequipero y capitán Panzer, mi preparación, entrenamiento, alimentación, pero
sobre todo lo positivo de mis pensamientos, terminarían con esos fantasmas. Todo
estaba en orden, solo faltaba el disparo del buen Fletes para salir a la nueva
aventura, al gran reto conmigo mismo.
La tarde previa al Izta
4000 2014 el cielo se llenó de nubes negras, corría un aire helado y comenzó a
lloviznar, esto acrecentó mi emoción y nervio… Sin Yolanda, me decían, pero en
esta carrera en particular, aunque sea en un día especial bello y con sol,
siempre te van a dar ganas de Yolanda, porque Yolanda no solo llega con el
sufrimiento también te acompaña en las alegrías y en el gozo verdadero.
Domingo 9 de noviembre,
ya eran las 5 de la mañana… Había dormido muy poco, me la pasé dando vueltas en
la cama pero eso no cambiaba nada, había llegado el momento de comenzar con el
ritual y preparación de mi armadura PRIMATE: vendas, calcetas de compresión, todo
el orgulloso uniforme listo. Salimos 4 primates en busca de una revancha o más
bien en busca de un día lleno de orgullo y felicidad, de demostrarnos a
nosotros mismos que “cuando se quiere se puede”. Llegamos al Parque de Dos Aguas
en San Rafael que nos recibió con un frío más denso y lleno de corredores en
espera del grito de salida; unos calentaban, otros conversaban y otros más se
daban las últimas palabras de aliento. Entregué mi registro, verifiqué mi equipo
de hidratación, calenté un poco y me uní al grupo que ansioso esperaba el aviso
de salida.
9:20 de la mañana y el
buen Fletes dio el aviso de arranque… Tomamos una pequeña brecha hasta donde se
hace la caravana de corredores, por lo estrecho del camino vamos uno tras otro;
es el inicio del famoso tubo por donde hay que subir escalando y trepando piedras,
es el comienzo de los raspones de rodillas. Después de subir un buen rato como
verdadero primate el trayecto cambió, tomamos un camino un tanto resbaloso,
condición que propicia la separación por bloques de los corredores. Mi buen
trote coqueto no era posible hacerlo pues la subida y lo resbaloso del terreno
lo hacía complicado, no me quedó otra más que literalmente caminar…
Llegué al lugar de
abastecimiento de los 5 km, por cierto, el único abastecimiento de subida, llené mi cilindro, me comí la mitad de un plátano
y continué con mi trayecto… Finalmente, llegué al famoso Acueducto que pasé de
forma muy tranquilla, ahí me encontré al buen Arturo Martínez tomando fotos a
los que terminábamos esa parte de la ruta. Para estos momentos el sol ya había
hecho su aparición, ya me acompañaba apreciando a lo lejos, muy lejos, la
majestuosidad de esta impresionante montaña, no hice más que tomar un buen
respiro y continuar corriendo.
Pasé la parte de los
pastizales, que no es nada agradable por los hoyos y piedras que se esconden
entre los arbustos y uno que otro tronco atravesado, cuando de pronto veo que
ya venía de regreso el gran Arnulfo liderando al primer grupo que estaba
cumpliendo con la mitad del reto ¡woow! qué tiempo y qué velocidad… Yo continúo
concentrado en lo mío, tratando de distraer a la mente comiendo frutas secas y
tomando agua porque el cansancio ya comenzaba a molestarme, yo sigo y sigo…
Después de un buen rato
sobre los pastizales el panorama se aclaraba, y digo se aclaraba porque ya no había
árboles ni vegetación, pero en realidad se ponía más negro de lo que pensaba
porque comenzaba la subida en las Espinillas: sin nieve pero con arena y
piedras muy flojas que no nos ayudaban en nada pues dábamos un paso y nos
resbalábamos dos, teníamos que hacer un mayor esfuerzo aunado al aire era
helado que también corría, tuve que ponerme un Buff adicional y mi chamarra y continuar
con mi camino… A lo lejos vi una fila de corredores pero de pronto se me perdieron
en la inmensidad de la cima, no tuve otra opción más que seguir motivándome
trayendo a mi mente imágenes y a seres que me llenan el tanque de energía y
como puede, ayudándome con las manos, pies y rodillas, comencé a escalar, a
subir por un costado para evitar el playón que ya se encontraba muy flojo de
tanto corredor. Subí por las piedras sin mirar hacia arriba por un tiempo, tiempo
que se me hizo eterno, hasta que escuché gritos de alegría de otros corredores,
levanté mi mirada y ahí estaba, había llegado al punto en donde nos ponen el brazalete
de llegada a la cima ¡woow! todavía no lo podía creer, es un sentimiento que no
se puede explicar, es una satisfacción inmensa, te dan ganas de gritar, de
llorar y de abrazar a quién en ese momento tengas a tu lado…

Dedico mi trepada, saludo a otros locos como
yo, tomo agua y me enfilo a bajar corriendo, tipo Panzerneitor en el arenal de la Malinche , gritando, sonriendo
y brincando. Iba como tráiler sin frenos, enfilándome a los pastizales y de
repente ya me encontraba pasando por el Acueducto, no me la creía, mi tiempo
era de 5 horas con 20 minutos cuando llegué al abasto de los 20 km . en donde nuevamente
rellené mi cilindro y, ahora sí, a paso muy coqueto tomo el sendero resbaloso
hasta llegar al tubo, la bajada muy técnica y en algunos puntos hasta de
sentones pero todo bien, por fortuna nada de cuidado hasta llegar al camino que
enfila a la meta, me sentía feliz, lo logré. Al cruzar la meta me encontré a
los otros primates que también ya habían cumplido con su misión: 6 horas y 30
minutos, hora y media menos que el año pasado: Adiós a los fantasmas del 2013…